CUENTO DE ALICIA EN EL PAÌS DE LAS MARAVILLAS

 


Alicia era una niña curiosa que un día descansaba bajo un árbol cuando vio pasar a un conejo blanco muy apurado, vestido con chaleco y mirando un reloj. Sorprendida, decidió seguirlo. El conejo entró corriendo por una madriguera y Alicia, sin pensarlo, se metió detrás.

De pronto, comenzó a caer y caer por un túnel larguísimo hasta llegar a un lugar extraño lleno de puertas de todos los tamaños. Allí encontró una llave dorada y una botella que decía “Bébeme”. Al tomarla, encogió hasta volverse pequeñita y pudo abrir la puerta más chiquita, que llevaba a un mundo completamente diferente.

Ese lugar estaba lleno de criaturas rarísimas: un gato sonriente que aparecía y desaparecía, una oruga azul que fumaba en una pipa, un sombrerero loco que celebraba todos los días su “no cumpleaños”, y una reina de corazones que gritaba “¡Que le corten la cabeza!” por cualquier cosa.

Alicia vivió aventuras confusas y divertidas, tratando de encontrar el camino de regreso. Cada personaje le decía algo extraño o le hacía preguntas sin sentido, pero ella seguía avanzando, aunque cada vez más confundida.

Finalmente, la Reina de Corazones la acusó injustamente durante un juicio absurdo. Cuando todos empezaron a perseguirla, Alicia gritó que no tenía miedo… y de pronto todo empezó a desvanecerse.

Alicia despertó debajo del árbol. Todo había sido un sueño, pero un sueño tan mágico que jamás lo olvidaría.

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