LEYENDA DE LA LLORONA
Hace muchos años, en un pequeño pueblo cerca de un río, vivía una joven llamada María, tan hermosa que todos la admiraban. Un día, un hombre rico y elegante llegó al pueblo. Al verla, quedó encantado con su belleza y pronto comenzaron un romance apasionado. Con el tiempo tuvieron dos hijos, pero la felicidad no duró para siempre.
El hombre empezó a alejarse, hacía largos viajes y ya casi no pasaba tiempo con María ni con los niños. Un día, mientras ella caminaba por el pueblo, lo vio pasar en una carreta acompañado de otra mujer, vestido con sus mejores prendas, como si María y sus hijos jamás hubieran significado nada.
El corazón de María se llenó de tristeza y rabia. En un momento de dolor profundo, llevó a sus hijos al río y, cegada por el sufrimiento, los arrojó al agua. Cuando el agua se los llevó, María recobró la razón y se dio cuenta de lo que había hecho. Desesperada, corrió por la orilla gritando y llorando: “¡Ay, mis hijos!”
La encontraron días después, sin vida, consumida por la culpa. Pero su alma no descansó. Desde entonces, dicen que su espíritu vaga por las noches, vestida de blanco, con el rostro pálido y los ojos llorosos, buscando a sus hijos entre la neblina del río. Quienes la han escuchado juran que su lamento se oye en los caminos solitarios:
“¡Ay, mis hijos!”
Se cree que La Llorona aparece a quienes se acercan demasiado al agua por la noche, sobre todo a los niños que salen solos, y que su llanto es un aviso, un lamento eterno que nunca ha encontrado paz.
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