MITO DE EL CHUPACABRAS
Dicen que, en las noches más silenciosas del campo, cuando hasta el viento parece dormido, aparece una criatura que pocos han visto, pero que todos temen: el Chupacabras.
La historia comenzó hace muchos años, cuando los campesinos empezaron a encontrar sus animales muertos de una forma extraña: sin una gota de sangre y con dos agujeros perfectos en el cuello, como si algo los hubiera mordido con precisión. Nadie sabía qué podía hacerlo.
Una noche, un hombre que vigilaba su granja juró haber visto una sombra saltando entre los arbustos. Tenía el tamaño de un niño pequeño, la piel oscura y estirada, y unas espinas que brillaban bajo la luz de la luna. Sus ojos eran rojos, grandes y fijos, como si pudiera ver a través de la oscuridad. El hombre se escondió, paralizado por el miedo.
Pero en otro pueblo, otros campesinos describían algo distinto: una criatura parecida a un perro delgado, sin pelo, con la espalda curvada y los colmillos largos. Caminaba torcido, como si no perteneciera del todo a este mundo.
Lo único en lo que todos coincidían era su forma de atacar: rápido, silencioso y sin dejar rastro. Cuando el Chupacabras aparecía, el ganado amanecía muerto, y los perros no ladraban… como si sintieran que era algo que no debían enfrentar.
Muchos han intentado atraparlo, pero nadie ha logrado verlo de cerca sin que desaparezca como una sombra. Algunos dicen que es un ser creado en un laboratorio; otros, que vino del cielo; otros, que es un espíritu que castiga a quienes maltratan a los animales.
Sea lo que sea, el Chupacabras sigue siendo un misterio. Y cuando en el campo algo extraño se oye entre los árboles, muchos prefieren cerrar ventanas, guardar sus animales y no mirar afuera… por si acaso esos ojos rojos están observando.
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